SANTIAGO LORENZO | Los huerfanitos (ed. bolsillo)

SANTIAGO LORENZO | Los huerfanitos (ed. bolsillo)

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Una herencia, un teatro arruinado y tres hermanos dispuestos a cobrar la herencia del padre que jamás los cuidó.

En Los huerfanitos, obra de culto aclamada por la crítica y con gran éxito de público, Santiago Lorenzo congela la sonrisa del lector con una prosa que se debate entre el humor, el terror y la ternura. Más allá de la mera sátira del mundo teatral, nos recuerda, sobre todo, que un paseo por la calle esconde más claves sobre la crisis moral y económica que cualquier estadística.

 
Santiago Lorenzo. Los astros se alinearon para que naciera un buen día de 1964 en Portugalete, Vizcaya, España, Europa, la Tierra. Estudió imagen y guión en la Universidad Complutense y dirección escénica en la RESAD de la capital del reino. En 1995, produjo Caracol, col, col, que le valió pisar con calma la alfombra roja de los Premios Goya, que ganó en la categoría a Mejor Corto de Animación. Cuatro años después se empeñó en estrenar Mamá es boba, la historia palentina de un niño algo alelado, pero a la vez muy lúcido, acosado en el colegio  (la película fue una de las primeras en abordar el tema del bullying) y con unos padres que, a su pesar, le provocan una vergüenza tremenda. La película pasará a la historia como uno de los filmes de culto de la comedia agridulce y podría servir como mito fundacional del post-humor que busca la risa helada e incómoda. En 2007 estrenó Un buen día lo tiene cualquiera, donde volvía a elevar una historia de una persona para explicar un problema colectivo: la incapacidad, afectiva e inmobiliaria, para encontrar un sitio en el mundo (o un piso en la ciudad, para el caso). Harto de los tejemanejes del mundo del cine, decidió cederle sus ideas a esto de la literatura, por lo que en 2010 publicó la novela Los millones (Mondo Brutto), uno de los libros del año con un gancho cómico y un golpe más bien trágico: a uno del GRAPO le toca la lotería primitiva; no puede cobrar el premio porque carece de DNI. Desde entonces, ha escrito Los Huerfanitos, se ha deleitado con ábsides de catedrales y ha continuado atacando los vicios de la sociedad de la única forma posible: con la risa, el recurso de los hombres que gozan de una inteligencia libre de presunción.