Sailor va a cumplir los cincuenta. Nunca se imaginó que llegaría a vivir tanto. Para celebrarlo, decide volver a la carretera con Lula y visitar Graceland. «Tú, yo y la casa de Elvis, no necesitamos más.» Conducir, comer hamburguesas y escuchar los viejos sencillos de Jerry Lee, Elvis, Johnny Cash, Roy Orbison, Charlie Rich y Carl Perkins.
Por el camino recogen a Consuelo Whynot, una despampanante y mortífera adolescente que acaba de fugarse de casa para ir al encuentro de su amante, Venus Tishomingo, una descomunal india chickasaw especializada en la obra de Faulkner.
El beso de Consuelo es la quinta novela de la icónica y legendaria saga de Sailor y Lula. Un retablo compuesto por ocho novelas, escritas a lo largo de veinticinco años, que describe y disecciona magistralmente casi un siglo de historia y cultura estadounidense.
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BARRY GIFFORD (1946) nació en una habitación del hotel Seneca, en el Near North Side de Chicago. Su padre, Rudy Winston, dueño de una licorería reconvertida en garito de apuestas clandestinas, fue un personaje bastante popular hasta bien entrados los años 50. Todos los policías de la ciudad conocían o habían oído hablar de aquel «dudoso elemento» que se codeaba con el alcalde, el gobernador y el círculo íntimo de Al Capone.
Barry adquirió su inimitable estilo narrativo a partir de las historias que pululaban por los vestíbulos y las piscinas de los numerosos hoteles en los que transcurrió su infancia: un ecosistema de tahúres, coristas, ladrones, asesinos, yonquis y sablistas. La temprana muerte de su padre le obligó a buscar trabajo con apenas doce años. Hasta que logró ganarse la vida como escritor, ejerció de marino mercante, camionero, repartidor de cebollas, albañil, leñador, jugador de béisbol y cantante de rock. Empezó a publicar en 1967. En 1984, cofundó Black Lizard Books, editorial que rescató del olvido a autores como Jim Thompson, David Goodis y Charles Willeford.
Actualmente vive en San Francisco, cuenta con más de cuarenta obras y ha sido traducido a veintiocho idiomas. Pocos han sabido retratar como él la irracionalidad y el desasosiego de la sociedad estadounidense.
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